Loading...
Home / Fotos / Carcasa

Carcasa 2

Mi nombre no tiene la más mínima importancia en la historia que a continuación os voy explicar. No espero que me creáis. No voy a hacer ningún esfuerzo para que mis argumentos os parezcan verosímiles ni voy a utilizar estrategias empáticas con el fin de seducir vuestra atención y obtener con ello un dictamen benevolente. Tampoco deseo vuestra comprensión, ni atraer vuestro interés, ni provocaros desasosiego o curiosidad, o inquietud, o desazón. No busco convenceros de nada, o de algo. No me importa que ladeéis la cabeza dudando de mis palabras, o de mi cordura, o de mis buenas intenciones, ni que chasqueéis la lengua incrédulos. Dejad escapar una leve sonrisa de escepticismo si así lo deseáis y dadme la espalda si al final todo os parece una patraña. No me importa. No es vuestra aprobación lo que busco, ni mucho menos vuestra compasión. De hecho lo único que daría sentido a esta historia, y a mi voluntad de contarla, sería vuestra más absoluta y rotunda negación, una sentencia clara, inquebrantable, diáfana y firme de que los hechos que os voy a narrar son del todo imposibles y se escapan a toda lógica racional y humana.
Un día desperté y había envejecido cuarenta años. En una noche me había abandonado la juventud y me habla convertido en un anciano.
Mi piel era un pergamino amarillento del que desconocía la mayoría de sus pliegues y dobleces y los huesos que envolvía se habían vuelto frágiles, cansados y tristes. Mis músculos, antes flexibles, mostraban una rigidez quebradiza de estatua arcillosa y las articulaciones que los unen como engranajes oxidados chirriaban trabajosamente al buscar su juego.
Mi primera reacción fue ya una confirmación: no hubo reacción, había perdido mi capacidad de respuesta. La vejez es principalmente la ausencia de reacción, la atrofia de la revuelta, el acto reflejo cancelado. Más que quedarme inmóvil la inmovilidad se había quedado en mí.
Pero en mi documento de identidad seguía teniendo treinta y seis años. Y en mi alma. Como ayer, sólo había dado treinta y seis vueltas al sol. Escribía en la página treinta y seis de mi anuario. Seguía mirando el abismo desde el peldaño treinta y seis de la escalera. Mi voluntad todavía era angosta, insospechada y voluptuosa como una selva aún sin cartografiar.
Me levanté de la cama teniendo que improvisar nuevos apoyos. Mis movimientos eran lentos y torpes, erráticos siempre en su primera intención. Mi columna y hombros soportaban un peso de años acumulados venidos de golpe y la fuerza de gravedad había acortado el lazo que me sujeta a la tierra. Me envolvía una neblina constante de embriaguez abstemia que entumecía y aletargaba mis sentidos.
Fui arrastrando los pies hasta la puerta del baño. La vejez siempre arrastra los pies. Acerté a encender la luz a pesar de la desconfiguración evidente del triángulo ojos-cerebro-mano y la imagen que me insultó el espejo me desconcertó, pero no como os imagináis. Me reconocí al instante. No dudé ni por un momento que ese rostro carcomido que me miraba asombrado fuera el mío. Lo que me inquietó sobremanera fue la automática resignación. El abandono y la rendición habían crecido tanto en mí que aplacaban cualquier conato de rebelión.
No había viajado en el tiempo, el tiempo había viajado en mí.
Cómo iban a sobrevivir en esa carcasa mis deseos hambrientos de experiencias, mis multitudes en ese páramo desolado. Cómo iba a rescatar mi voz de entre la mordaza de mis escombros. Cómo mirar el mundo desde la minúscula ventana de esta celda. Dónde encerrar mi querencia a acercarme. Todavía no lo sé. Tendré que encontrar la manera de escabullirme de esa camisa de fuerza que es la vejez, de revocar la pérdida de la incógnita.
Pero cómo.
Por eso espero que no me creáis. Deseo que esta historia sea tan inverosímil a vuestro entendimiento que ninguno de vosotros crea que sea posible, que todos dudéis de su veracidad, que sólo sea fruto de mi imaginación perturbada y que vuestra lógica me aplaste y me haga despertar antes de que me interrumpiera la pesadilla.

2 thoughts on “Carcasa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

UA-62585102-1

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies